Pero a quienes los encontró siendo malos, los hizo buenos. De cautivos hizo redimidos, de los redimidos hizo siervos; de los siervos, hermanos, y de los hermanos, miembros (San Agustín. Sermón 313,1)
No seáis sabios para vosotros solos. Recibe el Espíritu. En ti debe haber una fuente, nunca un depósito, de donde se pueda dar algo, no donde se acumule. Digase lo mismo de la alforja (San Agustín 101,6)